No hay nada mejor que un ritual entre dos seres que se aman. Esto es para ti amor.
Una luz brilla en medio de la noche taciturna. Trémulos labios buscándose en la oscuridad, guiándose por aquella luz producto de la Diosa nocturna, se aman, se juntan como si formaran uno, arrancándose la piel despacio y sin dolor y si acaso duele, el dolor se disfruta como el agua en días de calor.
Los cuerpos se entrelazan, las extremedidades semejan serpientes intentando asfixiar el propio cuerpo, el aire se escapa, una sombra se dibuja en la pared, la figura es única, se vislumbra un paraíso, la Diosa ha llegado a su Templo: Artemisa arribando a Éfeso.
La noche transcurre al tiempo que los segundos los funden cada vez más, unos minutos han pasado, tal vez sean horas, eso carece de importancia, en ese momento simplemente el tiempo no existe, la eternidad no se guía por lo que las manecillas señalen.
De pronto la mirada busca el rostro amado, lo ilumina, los labios y los cuerpos han vuelto a la dualidad de la cual provienen: el Ying y el Yang, Apolo y Artemisa, Mar y Cielo, en algún punto convergen, sin perder la esencia propia de su ser.
Una lucha de miradas se aproxima, el corazón busca la salida a lo que lleva dentro, las palabras salen de los labios, no importan las letras que contengan, el léxico sale sobrando, lo que realmente importa es lo que se escucha detrás del sonido que emiten, algo que solo ese par entiende: La otra cara de la Luna se descubre.
El sueño toca la puerta, los amantes descansan, cada uno viaja dentro de sí hasta donde los sueños lo lleven, esperando que el lugar elegido por el capricho subconsciente sea la Tierra dónde la persona amada espera ansiosa otro encuentro.
Sólo ellos saben el significado de este arte, ellos lo han inventado, el ritual creado no tiene un fin, solo es el medio por el que se transportan las sensaciones y los sentimientos, donde solo ellos coexisten, donde lo mundano desaparece.
Dicen los que saben: Cuando la Luna sonríe con todo su esplendor, una pequeña alma escapa de entre sus dientes, buscando en la noche algún Templo habitado por la Diosa elegida, y cuando lo encuentra, el ritual se cristaliza: el Uno ha sido creado de los Dos seres amando.
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