Un caballo azul galopa en el horizonte, la brisa a su favor y las estrellas iluminan su paso veloz. Se detiene y bebe un poco de agua, sediento de tanto correr. Al terminar de beber continúa su trote un poco más relajado. Al poco tiempo se pierde su forma y sólo se observa una silueta azul metiéndose en la noche, se aleja y se matiza de diferentes colores para que la gente no sepa a donde va. Al llegar el día regresa con una piedra en el hocico, la deja dentro de un lago y vuelve a emprender su partida hacia al manto nocturno. La piedra que dejó se conjuga con el agua y comienza a proyectar algunas letras inteligibles solo por un momento. La piedra se hunde y lleva consigo su mensaje universal, al que solo los más libres pudieron acceder.
Con el tiempo el caballo se fatiga cada vez más y sus apariciones se vuelven escasas, su fuerza es menor, lo que provoca que las piedras que carga consigo sean mucho más pequeñas. El mensaje no se ha extendido lo suficiente y el caballo pronto no podrá hacer su recorrido. ¡Adiós caballo azul!, te extrañaré ¡adiós mi fiel corcel!, llorare.
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