¿Qué sucede cuando llega ese momento?
Ahí estaba ella, yo a su lado, ella buscaba respuestas a preguntas que yo no había hecho, yo intentaba evitar la muerte de algo que nunca vio la luz.
Sentados pasaron los minutos así como sentados veíamos escapar aquello que nunca tuvimos.
No dijo nada, no tenía que hacerlo, en el fondo sabía que yo me había dado cuenta de todo solo con verla.
Sus ojos lucían cristalinos, las lágrimas los inundaron; su imagen aparecía borrosa ante mí, mis lágrimas dañaron mi visión.
No quería saber nada, no quería decir nada, con abrazarla me bastaba, como cuando el niño abraza su almohada para no sentir miedo cuando la oscuridad llega.
Mis manos tomaron sus manos, mis labio tocaron su frente. ¿Cuándo volverá mi mano a tocarla? ¿Cuándo tocaran de nuevo mis labios su piel blanca? Ese es mi miedo, por eso no quería soltarla, no quería dejarla ir sabiendo que quizá no regresará. Sabiendo que su planeta posiblemente tenga otra orbita.
Ahora ya ha pasado el tiempo ella sigue su viaje fuera de mi puerto, ¿Regresará? No lo sé ¿Me querrá? Solo ella lo sabe.
Solo el tiempo dirá lo que pase entre nosotros, mientras tanto aquí estaré, seguiré hacia delante, con otras personas, quizá con otros labios que me digan “te amo” intentando espantar un poco a mi soledad, soñando que son sus labios los que pronuncian estas palabras.
F.J. Aguilar
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