viernes, 24 de julio de 2009

Miercoles en la Noche

En un universo paralelo tal vez seríamos felices, tal vez en otro tiempo, con otras caras, con otros miedos, quizá en un planeta lejano o quizá en una isla ¿para que ir tan lejos?

Tal vez me olvides, tal vez te olvide, tal vez en algún momento mis lágrimas no rocen mis mejillas con tu imagen sumergida, o mi voz no se alce buscando tu nombre.
Tal vez estoy loco, tal vez el mundo lo esté, quizá no sepa que es el amor, quizá el amor no sepa que existo yo.

Puede ser que en un momento tu imagen colapse dentro de mí y sólo queden pedazos y pueden ser que eso pedazos por ser tan pequeños se adhieran en mi como diminutas espinas que en cada punzada recordarán tu imagen.

No lo sé, por desgracia nada sé, sólo espero una llamada, una voz diciendo que pasará. Sin embargo estoy sordo. Alguien grita mi nombre y no escucho, me habla con dulzura pero mis oídos no apuntan a esa dirección.

¡Estoy loco! Dime que estoy loco, nadie puede agarrar agua con sus manos siempre se escapa entre los dedos, tú te escapas entre mis dedos, te dejo correr.
¡Quiero gritar! Decir que me encierren de una vez, este mundo no es para locos, no esta hecho para hacer figuras con las estrellas, esos tiempos ya pasaron.
Oh añoranza eterna, recuerdos extraños, su imagen ya no me es familiar, besos, caricias, una llamada a las diez de la noche, ya todo extraño, como si nunca hubiera existido, como si una mano azul hubiera bajado del cielo para extirparlos de mi mundo.

Te pido perdón por intentar olvidarte, y mucho más por no poderlo lograr, que quieres, aún soy humano, aún los sentimientos fluyen, aún las ideas platónicas me obligan a alzar las manos para rozar las nubes.
Te digo esto no para lograr algo, sólo es lo que sentí un miércoles a las once de la noche, quizá el jueves te olvide, quizá el viernes perezca, quizá el sábado renazca de nuevo y quizá (eso espero) el domingo ya haya aprendido a caminar de nuevo.

F.J. Aguilar

Un Adiós

¿Qué sucede cuando llega ese momento?


Ahí estaba ella, yo a su lado, ella buscaba respuestas a preguntas que yo no había hecho, yo intentaba evitar la muerte de algo que nunca vio la luz.
Sentados pasaron los minutos así como sentados veíamos escapar aquello que nunca tuvimos.

No dijo nada, no tenía que hacerlo, en el fondo sabía que yo me había dado cuenta de todo solo con verla.

Sus ojos lucían cristalinos, las lágrimas los inundaron; su imagen aparecía borrosa ante mí, mis lágrimas dañaron mi visión.

No quería saber nada, no quería decir nada, con abrazarla me bastaba, como cuando el niño abraza su almohada para no sentir miedo cuando la oscuridad llega.
Mis manos tomaron sus manos, mis labio tocaron su frente. ¿Cuándo volverá mi mano a tocarla? ¿Cuándo tocaran de nuevo mis labios su piel blanca? Ese es mi miedo, por eso no quería soltarla, no quería dejarla ir sabiendo que quizá no regresará. Sabiendo que su planeta posiblemente tenga otra orbita.

Ahora ya ha pasado el tiempo ella sigue su viaje fuera de mi puerto, ¿Regresará? No lo sé ¿Me querrá? Solo ella lo sabe.

Solo el tiempo dirá lo que pase entre nosotros, mientras tanto aquí estaré, seguiré hacia delante, con otras personas, quizá con otros labios que me digan “te amo” intentando espantar un poco a mi soledad, soñando que son sus labios los que pronuncian estas palabras.

F.J. Aguilar

jueves, 23 de julio de 2009

Escaparate

¿Por qué no ser niños de nuevo? La madurez del hombre es haber vuelto a encontrar la seriedad con la que jugaba cuando era niño. Nietzsche

Sentado en un columpio, un niño de 5 años observa su mano, nadie sabe que vio en ella que comenzó a reír y mecerse con gran intensidad, de pronto cayó del columpio, y un llanto salió expulsado de sus pulmones con gran fuerza, una señora llegó y lo consoló y en menos de cinco minutos ya estaba corriendo como si nada hubiera pasado.
Treinta años después, el mismo niño estaba sentado en un bar, observaba su mano la cual contenía una copa y comenzó a reír perturbado, de repente se agachó, como contándole un secreto a su vaso, y se alcanzó a ver una lágrima apenas mojando la barra, se para y se va solo.
Los dos niños se encontraron de regreso a casa, frente a un espejo, uno riéndose a carcajadas y sacando el llanto de su cuerpo, con la fuerza necesaria para deshacerse de él; el otro sigue riendo un poco perturbado y llorando en silencio. Se rompe el espejo, y el niño de treinta se queda solo otra vez, mientras que el niño de 5, siempre tendrá compañeros con quien reír y llorar.

F.J. Aguilar

¿Olvidar?

Hay veces en que lo mejor es olvidar, o fingir que lo olvidamos...

Fue no hace mucho, o tal vez tenga el mismo tiempo que el universo, no se, hay ocasiones que los minutos se confunden con los años, y lo mismo me da un día que un siglo. No recuerdo la fecha exacta, tardé mucho en extraviarla en la lobreguez de mi memoria. Ahora realmente no importa, al final de cuentas las fechas son devoradas por el tiempo y desechadas por la escasa memoria de las personas, que como yo, necesitan......

F. J. Aguilar

Nada

Realmente, ¿Qué nos queda? ¿A qué aspiramos?

Que la vida, que el amor
Que el odio, que la muerte
Que los sentimientos completos
Que la razón, que la locura
Muertos estamos, muerto quedamos
¿Vivos? Bonito sueño
¿Vivos? Gran anhelo
Una piedra se estrella contra el mundo desquebrajado y agonizante.
Un jinete cabalgando sin correas.
Una vida llorando sin lágrimas.
El espejo refleja cosas manipulables.
El alma refleja el verdadero ser.
La lluvia taladra el techo
Las injurias taladran el alma.
¿Qué cederá primero?
Lo hecho por el hombre o lo puramente divino
El cielo grita, la Tierra muerde, el espíritu quiere escapar.
Las cadenas debilitadas se romperán.
¡Libertad! ¡Libertad! Gritan los voladores.
¡Libertad! ¡Libertad! Presumen los opresores.
Los ojos rotos, lágrimas rojas.
El oído desgarrado, gritos desesperados.
Las manos sujetan las bolas de fuego.
El ser del bosque corre desquiciado, huyendo despavorido de un mal
advertido, negado y a la vez aceptado.
La energía desaparece, la transmutación se acaba.
Todo terminará en nada.

F. J. Aguilar

Guerreros

Quien no ha estado ante la situación de querer salvar lo insalvable, de querer ver 9 vidas donde solo hay una, de verse obligado a dejar el campo de batalla aunque en su interior sigue algo que lo anima a seguir, aunque ya no deba, aunque ya no pueda.

Il Pover´huomo che non se´n era accorto,
Andava combattendo, e era morto


Pasos a lo lejos, se acercan poco a poco. Los latidos de un corazón temeroso los acompañan a un mismo compás. Los pasos se detienen pero el corazón acelera su ritmo, es hora, el tiempo ha llegado. La decisión final está por tomarse. La ventana se abre dejando entrar un viento que refresca aquella frente sudorosa. Un trago de saliva, los dedos de las manos se buscan. Los parpados se cierran dejando escapar un suspiro líquido.El encuentro ocurrido ha, el desenlace se aproxima. Un colibrí interrumpe el momento con su peculiar vuelo, llevándose consigo la mirada de los presentes sólo por un segundo. De pronto, las miradas se vuelven a encontrar, se acribillan. Dos pares de ojos mirándose como si quisieran ser uno, cómo si se devoraran.

Al final de esta guerra el silencio impera, es la última batalla, los guerreros han decidido dejar las espadas ¿habrá reclamos? No creo ya todo está dicho ¿habrá palabras de perdón? No creo, no tienen nada que perdonarse ¿habrá llanto? Si pero lo guardarán con el orgullo con el que dejan las armas. Después de un tiempo, los combatientes se preguntarán: ¿Por qué no lucho más? Y una voz vendrá del viento y dirá: porque muerto ya estás.

F.J. Aguilar